Por Jaime Vargas, Director Escuela de Ingeniería y Tecnología

Desde que Eloísa Díaz Insunza, postuló en 1880 a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, convirtiéndose en la primera mujer en cursar estudios superiores en el país, han transcurrido 141 años, en los cuales la presencia de las mujeres en diveras áreas de la Educación Superior se han integrado de manera progresiva a pesar de las adversidades a las que se han enfrentado, asociadas a discriminación y brechas generacionales en la educación.

El quinto objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, en su agenda 2030, apunta a la igualdad de género y al empoderamiento de la mujer, ya que es aquí donde las ciencias y la ingeniería son una zona fértil para cumplir el objetivo señalado.

En nuestro país, al igual que en la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la matrícula de mujeres en la educación superior es mayor que la de los hombres, superando además las tasas de titulación oportuna. Sin embargo, en muchos de estos países, incluido Chile, las mujeres eligen alrededor de un 23% carreras orientadas a la Ingeniería. La mayor preferencia al escoger una carrera se orientan a las de área de salud, biología y educación, denominándose esto segregación sexual horizontal.

Las brechas en equidad que se generan de esta segregación sexual horizontal, provienen de una larga historia de orden cultural patriarcal, asistida en estereotipos de género forjados en la primera infancia, de acuerdo a modelos de roles existenten en la sociedad moderna. Estos se observan de manera muy marcada en el ámbito ingenieril, donde las brechas salariales, el desarrollo profesional, el trato, el uso del tiempo y el reconocimiento siguen siendo inequitativos, a pesar de los esfuerzos que se realizan a diario para cerrar la brecha, aún queda camino que recorrer.

Las mujeres tienen una gran capacidad natural para resolver problemas de manera creativa, esta cualidad es un gran aporte a la Ingeniería, a través de las propuestas innovadoras que son en su mayoría soluciones óptimas y a corto plazo. Este potencial actualmente está siendo usado por muchas empresas asociadas a la Minería y al mantenimiento industrial, que han visto en estas cualidades un potencial vínculo en productividad, rentabilidad y participación de diversos tipos de organizaciones proveedoras, especialmente en ocupaciones de la cadena de valor principal.

Actualmente existen variados programas que se desarrollan al interior de empresas industriales, que buscan generar e internalizar una cultura respetuosa de la diversidad e inclusión, permitiendo de esta manera posicionar el trabajo de la mujer, reconociendo capacidades e impulsando la presencia femenina en cargos gerenciales o en aquellos asociados a la toma de decisiones estratégicas al interior de una empresa.

También existen varias empresas en Chile, que están asociándose con Instituciones de Educación Superior, Centros de Formaciones Técnicas, Liceos Técnicos de Nivel Medio, con la finalidad de poder incentivar el ingreso de las mujeres al mundo industrial, ofreciendo un espacio de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el desarrollo del mismo trabajo.

Fomentar el liderazgo femenino en la Ingeniería y lograr la ansiada igualdad de géneros, es un trabajo que se debe fomentar con las buenas prácticas, el gobierno y la Industria están trabajando cohesionados para poder cerrar esta brecha generacional y brindar a las mujeres la posibilidad de desarrollarse de manera óptima, demostrando así, que el liderazgo femenino cuenta con características propias y estas pueden arrojar resultados más fructíferos que los del liderazgo tradicionalmente encarnado por varones.