Por: Yobani Salas, Docente Escuela de Gestión, Negocios y Marítima en IPG

Las personas tienden a realizar actividades y desarrollar ciertos hábitos que luego se traducen en rutinas. Hasta el 2020, teníamos una serie de ellas que nos resultaban cómodas: asistir a clases, trabajar, compatibilizar los tiempos con distintas actividades, disfrutar con amigos, la vida en pareja, entre otros.

Sin embargo, como todo marzo complejo, a éste le agregamos un escenario distinto: una pandemia que, con nuestro característico optimismo, pensamos que sería de corta duración y que no era necesario adaptarnos, por el contrario, descansar y disfrutar las “bondades” del teletrabajo o de las clases virtuales.

La verdad, no estábamos preparados para ello y, allí, comenzaron a emerger los primeros cuadros de estrés. Aquello que inicialmente nos parecía algo positivo, empezó a afectar nuestra esfera social, familiar, laboral y a presentar manifestaciones sintomáticas que no habíamos tenido antes (problemas para dormir, fatiga, ansiedad, entre otros), lo que generó un aumento de licencias médicas, problemas familiares, sociales y/o laborales, dado que no disponíamos de las herramientas para manejar esta nueva situación.

Con el transcurso del tiempo, nos dimos cuenta de que era necesario comenzar a realizar acciones que dotaran de cierta normalidad a nuestro diario vivir. Aprendimos a utilizar de nuevo la tecnología, ahora de forma más productiva, reconfiguramos la forma de hacer las cosas (clases, actividades, interacciones) y, a través del ensayo y error, configurar una “nueva realidad” que nos permitiera sentir tranquilidad.

Comenzamos el 2021, esta vez más preparados, organizados y con una forma de hacer las cosas que se ha ido mejorando y rindiendo mejores resultados. Sin embargo, los cambios de comportamiento del virus y sus variaciones nos han hecho preguntarnos sobre nuevos escenarios y disponer de nuevas estrategias: ¿cómo podríamos volver a lo presencial?, ¿estamos preparados para modalidades híbridas?, ¿serán efectivas?, ¿estamos logrando aprendizajes significativos? En términos generales, ¿estamos listos para volver a aquello que denominamos normal?, ¿qué es lo “normal”?

Hoy, en esta “nueva normalidad” como han decidido denominarla, hemos aprendido una forma de hacer las cosas, de trabajar, de estudiar, de compatibilizar las distintas esferas de la vida. Tal como refiere el enfoque sistémico, es importante mantener la homeostasis (equilibrio) y, cuando aparece una situación distinta, que puede alterar este equilibrio, rápidamente debemos adaptarnos para mantener el status quo que acostumbramos.

Con ello en mente, sabemos que podemos adaptarnos, somos seres resilientes, pero debemos manifestar la misma apertura que ya hemos aprendido para realizar esta tarea. Debemos comenzar paulatinamente a ajustar nuestros tiempos, a instalar rutinas tan simples como despertar a cierto horario, realizar actividades en horas determinadas, establecer tiempos de trabajo y de ocio, disponer de un lugar concreto para el trabajo en el hogar e, inclusive, establecer acuerdos en la familia sobre las tareas del hogar, tiempos para el desarrollo de determinadas tareas, entre otros. Puede parecer algo trivial, pero son elementos que van a facilitar la transición a cualquiera sea esta nueva normalidad.

Así también, debemos ser capaces de reconocer aquellos aprendizajes que hemos adquirido a lo largo del tiempo, en la forma de relacionarnos, como que un correo es más útil que una videollamada (en función de la optimización de los tiempos) o que algunas actividades online resultan más idóneas para el desarrollo de ciertos aprendizajes o vivencias (uso de recursos audiovisuales, promoción del aprendizaje autónomo).

Es importante que toda alteración del homeostasis se convierta en una oportunidad, no solo una crisis, como ha sido lo que se advierte ante esta situación particular. Hoy, advertimos que el aprendizaje es una experiencia que no debe ser solo en la interacción docente – estudiante de forma vertical, por el contrario, se puede promover la autonomía y ese es uno de los desafíos que nos propone el modelo constructivista, cuando refiere que los estudiantes deben ser los protagonistas de su experiencia de aprendizaje, para dotarla de mayor significatividad. Dicho, en otros términos, esta oportunidad de alterar la homeostasis, parece ser un gran desafío personal y colectivo para el desarrollo de prácticas más significativas y sentidas.

Aún nos queda mucho por avanzar, no tenemos certeza del tiempo que nos falta hasta que podamos retomar el mundo como lo conocíamos o siquiera si eso será posible, pero sí sabemos que tenemos las herramientas y podemos hacerlo.

De todos modos, siempre podemos tener algunas consideraciones especiales para cada grupo de personas, en función de nuestros propios requerimientos y presentamos algunos a continuación.

Recomendaciones para los niños en la vuelta a clases:

1. Establecer rutinas fijas para el desarrollo de actividades como: despertar, clases, recreación, tareas, comidas, juego, dormir, entre otras. Idealmente, resguardando que se asemeje al horario que usan habitualmente en periodo de clases presenciales.
2. Asegurar que durante la noche no estén conectados a aparatos móviles (disminuye la facilidad para conciliar el sueño).
3. Procurar que el tiempo de vacaciones de invierno se convierta en una oportunidad para que puedan distenderse. Para ello, evitar que pasen mucho tiempo frente a pantallas, promover el desarrollo de actividades en familia y/o distintas a las habituales para el periodo.

Recomendaciones para los padres:

1. Ayudar a los hijos a fijar horarios y respetarlos. Para ello, pueden confeccionar un horario y disponerlo en un lugar visible para que todos puedan colaborar en el cumplimiento del mismo.
2. Respetar los horarios de comida, si está en teletrabajo, asegurarse de que este sea un tiempo de interacción de calidad con la familia, promoviendo conversaciones misceláneas.
3. Distribuir las tareas con los miembros del hogar. La mayoría de las personas estamos desarrollando más de una actividad y debemos colaborar en el desarrollo de tareas domésticas u de otra índole que sea necesario resolver para promover un buen clima y evitar la sobrecarga de trabajo en una sola persona.

Recomendaciones para el trabajador:

1. Asegurarse de instalar rutinas cotidianas similares a las de una jornada laboral presencial de manera progresiva (hora de levantarse, desayunar, higiene, vestirse). La idea es que logremos dotar de cierta “normalidad” a las rutinas que vamos a realizar durante la jornada.
2. Disponer de un espacio físico exclusivo para el trabajo. En lo posible, que no sea el lugar donde realiza usualmente otro tipo de actividades. Por ejemplo, si trabajamos en la cama, alteramos la higiene de sueño y es factible que tengamos problemas para conciliarlo.
3. Establecer tiempos de trabajo, en la medida de lo posible. Recordemos que teletrabajo no es sinónimo de disponibilidad 24/7, por el contrario, es una oportunidad de poder desarrollar la autonomía y promover hábitos de vida saludables.