Por: Noelia Moreno Carabante, Vicerrectora Académica Instituto Profesional IPG

Los dos últimos años, tan complejos producto de la emergencia sanitaria y efectos asociados, han llevado a las Instituciones de Educación Superior a replantearse la forma en la cual se realizan los procesos de enseñanza – aprendizaje, transformando a la enseñanza virtual en un elemento fundamental en el desarrollo de las actividades académicas.

Este tipo de formación, impulsado por los efectos de la pandemia, permanecerá como una alternativa atractiva y de calidad que los estudiantes tendrán a disposición al momento de decidir qué y dónde estudiar en educación superior. De acuerdo a cifras entregadas por el Sistema de Información de la Educación Superior, SIES, la matrícula de primer año en la modalidad online en IP y CFT ha crecido en promedio en un 28% anual en los últimos cuatro años, destacado el año 2021 con un crecimiento respecto del año anterior de un 61%, lo que representa el 15% de la matrícula de inicio en estas instituciones.

Los procesos de aprendizajes en la modalidad virtual permiten que cada persona con acceso a Internet, desde su lugar de residencia y sin necesidad de desplazarse, puede acceder a satisfacer sus necesidades formativas y mejorar su calidad de vida a través de la realización de algún programa académico. Además, ofrece al estudiante la oportunidad de organizar sus tiempos de estudio y de apoyarse con tecnologías, potenciando el trabajo individual y colaborativo. De esta manera, el estudiante asume un rol fundamental en su propia formación, convirtiendo al docente en un facilitador y moderador del proceso educativo y no sólo en un transmisor de conocimiento, al mismo tiempo que el estudiante desarrolla habilidades en el uso de herramientas como plataformas informáticas y recursos multimedia.

Para potenciar aún más la modalidad virtual, a nivel global, es necesario avanzar en un proceso de flexibilización de los sistemas de estudio; por ejemplo, itinerarios adecuados a los conocimientos previos, flexibilidad en el currículum, en los sistemas de evaluación, de realización de prácticas, en el ritmo en el cual cada estudiante enfrenta su proceso y, en los procesos de admisión y financiamiento.

Lo anterior requiere que las Instituciones de Educación Superior incorporen estrategias a sus procesos educativos que respondan los requerimientos y exigencias de esta modalidad para asegurar la calidad de la formación y que el titulado cuente con las competencias o habilidades declaradas en los perfiles de egreso. Entre otros aspectos, se requiere definir y aplicar metodologías diferenciadas, profundizar los canales de comunicación docente-estudiante, innovar en los procesos de evaluación, intensificar el seguimiento o monitoreo académico, generar materiales de apoyo al aprendizaje e incorporar tecnologías a los distintos procesos. La educación virtual requiere de sistemas tecnológicos que permitan la generación de materiales y recursos que potencien la interacción con los estudiantes, transitando de una entrega de información a la generación de conocimiento. Todo lo anterior bajo profundos mecanismos de fomento y gestión de la calidad.

Sin lugar a dudas, esta modalidad brinda infinitas posibilidades de desarrollo y crecimiento, tanto en la cobertura de los programas académicos como en la ejecución de estos, permitiéndonos avanzar en generar una oferta académica más dinámica y que dé respuesta a las nuevas necesidades del mercado laboral y del emprendimiento.