Por Glenda Soto, Directora de Análisis Institucional en IPG

Existen distintas descripciones de la economía, en donde diversos pensadores e intelectuales han intentado entender y explicar los temas relacionados con las dinámicas económicas de la sociedad.

En tiempos antiguos, filósofos como Aristóteles y Platón, procuraron dar cuenta de distintos tópicos de la esfera económica, como fue el caso de la riqueza, el intercambio y las formas de propiedad, sin embargo, fue comúnmente aceptada la idea de que la economía, como disciplina independiente y moderna, encuentra su punto de origen en último cuarto del siglo XVIII, como corolario de la publicación “Riquezas de la Naciones” (1776) del denominado padre de la Economía, Adam Smith, quien dentro de sus postulados proponía una forma de pensar la economía poniendo en el centro las acciones individuales.

La palabra economía, desde el punto de vista etimológico, proviene del griego oikonomos que significa “el que administra una casa”. Lo anterior estaría relacionado con el significado de ordenar, distribuir, repartir, utilizando los recursos lo que se tienen para llegar a una necesidad final. En un ejemplo simple, la administración que se lleva en un hogar, donde se debe determinar qué comprar, en qué ahorrar, en qué gastar y cuál es el objeto de todas las necesidades existentes en el hogar, con el propósito de satisfacerlas. Ahora bien, eso extrapolado a la sociedad se amplifica significativamente.

Entonces, desde tiempos remotos, se piensa en el concepto de Economía, como la propiedad, el uso de la tierra, el trabajo, reformas sociales, entre otros. El desarrollo de la Economía, como ciencia, ha tratado de explicar cómo una persona, al satisfacer sus propias necesidades, puede inducir al bienestar social. Una vez conceptualizada la teoría económica, se procedió a su enseñanza en los temas relacionados con la división del trabajo, la propiedad social, el mercado libre y la sociedad capitalista. Por tanto, en la medida en que el mercado libre floreció, también lo hizo la enseñanza de la Economía.

Por ello, la economía desde los escritos de Adam Smith ha podido dar algunos entendidos como «el estudio de la humanidad en sus quehaceres cotidianos». Así la definió Alfred Marshall, un economista del siglo XIX, y a pesar de que como ciencia ha experimentado un gran desarrollo, su definición es tan cierta hoy como en 1890.

También, citando a Paul A. Samuelson y William Nordhaus (1993: 10) quienes indican en su ya clásico y siempre útil texto «En el corazón mismo de la economía se haya la innegable verdad de lo que llamamos ley de la escasez, según la cual los bienes son escasos porque no hay suficientes recursos para producir todo lo que deseamos consumir. Toda la economía se deriva de este hecho fundamental».

La economía nos puede ayudar a comprender el mundo en el que vivimos, a entender situaciones diversas que nos sugieren siempre tomar decisiones. Es desde aquí que nacen preguntas como ¿qué?, ¿para qué? y ¿por qué?, por ejemplo: comprar una vivienda, ahorrar o invertir, cuál sería el valor/precio que tendrá el bien o servicio que se quiere adquirir. La economía también permite entender mejor las medidas de política económica que toman los gobiernos, y tener opinión propia sobre muchas de las cuestiones que nos afectan como ciudadanos, responder a preguntas de ¿cómo se distribuye la renta y la riqueza?, ¿qué es el PIB?; ¿cómo funciona el impuesto?; ¿cómo podría mejorar el empleo?; ¿cómo proteger el medio ambiente?, entre muchas otras preguntas.

En términos generales, la economía está presente en todos lados, es una ciencia social que se ocupa de la satisfacción de las necesidades de los individuos y sociedad, las cuales son ilimitadas, en torno a los recursos existentes, los cuales son limitados. Lo anterior con base en el problema económico que radica en que los seres humanos, quienes tienen una serie de necesidades y disponen de unos recursos escasos para satisfacerlas, pero eso puede ser texto de otro momento.