Por: Moisés Guzmán Abarca, Cientista Criminalístico – Perito Judicial y Coach Integral

Más de alguna vez, a propósito de alguna situación en que yo debía ser el líder, alguien me dijo “créete el cuento”. ¿Qué querían decir? ¿O solo era la repetición de una frase prefabricada?

Supongamos que había reflexión detrás de la frase… ¿Significaba “cree en ti”? ¿Finge que eres el mejor? ¿Ten autoestima? ¿Proyecta seguridad? ¡Quién sabe! Hoy les preguntaría qué significa para ellos “creerse el cuento”.

Si analizamos las frases de manera literal nos parecen algo triviales. Sin embargo, estas son sensaciones que expresan la experiencia de la persona que las elige para expresarse, es decir, hablan más de su mapa, sus filtros o forma de ver la vida.

Recurrí a mi maestro de coaching. Su respuesta me dejó una gran enseñanza que quiero compartir con ustedes.

Al decir “créete el cuento”, lo que en realidad se debiese decir es “cree en tu propia historia”, “cree tu historia”. Esa historia que damos por sentado, y por lo mismo, no valoramos. Escribir nuestra historia personal nos permite ejercitar nuestra inteligencia emocional y a tener más conciencia de nuestro ser. Esto nos permite re-conocernos, re-conectarnos y, por qué no, re-comendarnos.

Tomé un cuaderno y comencé a dibujar una línea de tiempo de mi vida. Al principio fue una línea corta, no por mi juventud (tengo mis años), sino por lo poco consciente de lo andado. Con este ejercicio comencé a descubrir el mapa mental de la realidad, de mi realidad única y personal. La primera vez puse solo los acontecimientos más significativos, la mayoría dolorosos. Al percatarme de esto me di la tarea de ampliar esa línea y agregar los momentos bellos y alegres. Comenzaron a aparecer un montón de momentos de un tremendo significado positivo, de crecimiento y de reconocimiento.

En esta línea de tiempo los momentos dolorosos o menos positivos parecían poco aporte, empañaban la línea. Faltaba algo: resignificar, dar un nuevo significado, una nueva valoración rescatando el aprendizaje y aspectos positivos que, desde esta actual mirada, puede rescatar.

Descubrí que los momentos de quiebre me dieron madurez y prudencia; los momentos dolorosos me ayudaron a ser más humilde; los momentos de pérdida, a ser más agradecido por lo vivido y a atesorar; los momentos de miedo, a tener cautela y a darme cuenta de que tuve coraje y resiliencia para salir adelante; los momentos de angustia, a no forzar, a tener paciencia y a serenarme. Comencé a entender que la vida está llena de hechos, fechas, momentos que enriquecieron mi mapa mental (y emocional). Al leerla tomé coraje y cambié lo que había escrito en tercera persona y lo escribí en primera persona, con ese simple acto me hice protagonista. Comenzó a crecer en mí una historia que contar, que en perspectiva ya son anécdotas, pero son parte de mí.

Si te preguntaran hoy “¿te crees el cuento?” ya tienes cómo comenzar: haz tu propia línea de tiempo, escribe tu historia, reconócete en ella, resignifica lo que te haga falta, sé consciente de lo que has logrado. A partir de este punto ya puedes proyectar las metas o propósitos que deseas lograr en el futuro, esa nueva línea de tiempo o historia por escribir; tu futuro.